Tour 2 días de Marrakech al desierto de Zagora
La escapada más corta al Sáhara: Atlas, Ait Ben Haddou, valle del Draa y noche en jaima entre las dunas de Erg Lehoudi.
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Marrakech es la puerta de entrada más transitada al Sáhara marroquí. Desde aquí salen cada mañana las rutas que cruzan el Alto Atlas, bajan por los valles del sur y terminan entre las dunas del Erg Chebbi o del Erg Chigaga.
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Ver el tourLa distancia entre Marrakech y Merzouga, el pueblo situado al pie de las grandes dunas del Erg Chebbi, es de unos 560 kilómetros por carretera de montaña. No es una distancia larga en el mapa, pero sí en tiempo real: hay que cruzar el puerto de Tizi n'Tichka, a 2.260 metros de altitud, y después recorrer los valles del Dades y del Ziz. Por eso la respuesta honesta a la pregunta más repetida es esta: con dos días se llega al desierto pequeño de Zagora; con tres días se llega a las grandes dunas de Merzouga; con cuatro o más días se llega sin prisas y con tiempo para disfrutar del camino.
La ruta de 2 días termina en las dunas de Erg Lehoudi, cerca de Zagora. Son dunas modestas, de diez o quince metros, en un paisaje de hamada pedregosa. Es una opción válida si tu tiempo en Marruecos es muy corto y aun así quieres dormir bajo las estrellas, pero conviene saber de antemano que no es la postal del Sáhara que aparece en las fotografías.
La ruta de 3 días es, con diferencia, la más contratada. Recorre el mismo eje que las demás —Ait Ben Haddou, Ouarzazate, las gargantas del Todra— y duerme dos noches: una en un hotel del valle del Dades y otra en un campamento entre las dunas del Erg Chebbi. Es el equilibrio razonable entre presupuesto, tiempo y paisaje.
A partir de 4 días el viaje cambia de naturaleza. Deja de ser un traslado con paradas y se convierte en un recorrido: aparecen el lago Dayet Srji, las minas de M'Fis, la cooperativa de alfombras de Tinghir, el bosque de cedros de Azrou o la ciudad imperial de Fez si eliges terminar allí. Si tienes margen en tu calendario, cada día extra rinde mucho más de lo que cuesta.
Todos nuestros tours desde Marrakech comparten el primer tramo, y no es casualidad: es una de las carreteras escénicas más bonitas del norte de África. Se sale de la ciudad por la carretera de Ouarzazate y en menos de una hora ya se está subiendo entre pueblos bereberes colgados de la ladera, nogales y terrazas de cultivo. El puerto de Tizi n'Tichka se coronó tras una obra de ampliación que suavizó las curvas más cerradas, aunque sigue siendo un tramo de montaña que conviene hacer con calma y con conductor experimentado.
Al otro lado del puerto el paisaje se seca de golpe. Aparece el desvío a Ait Ben Haddou, el ksar de adobe declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987 y utilizado como escenario en decenas de rodajes. Se cruza el lecho del río, se sube por los callejones hasta el granero fortificado de la cima y desde arriba se entiende de golpe la lógica del sur marroquí: tierra roja, palmeral verde y montaña pelada.
Después viene Ouarzazate, la capital administrativa de la región, con la kasbah de Taourirt y los estudios de cine. Y a partir de ahí, el valle de las Rosas, el valle del Dades con sus formaciones de "patas de mono" y las gargantas del Todra, un cañón de trescientos metros de altura en cuyo fondo cabe justo el río y la carretera. El último tramo cruza el valle del Ziz y sus palmerales interminables antes de llegar a Merzouga.
En un tour privado viajáis solo tú y las personas con las que has reservado, en un vehículo para vosotros y con un conductor-guía dedicado. Puedes salir a la hora que quieras, parar donde te apetezca, alargar una visita o saltártela. Es la opción natural si viajas en familia, en pareja, con niños pequeños, con movilidad reducida o si simplemente valoras el ritmo propio.
En un tour compartido viajas en una minivan con otros viajeros, normalmente entre seis y quince personas, siguiendo un horario fijo. El precio baja mucho y el ambiente suele ser bueno: gente de países distintos, conversación y esa complicidad que aparece al segundo día. A cambio, las paradas son las que son y hay que ser puntual.
Nuestros grupos compartidos están limitados a un máximo de diez viajeros. Es una decisión deliberada: por encima de esa cifra el guía deja de poder hablar con cada persona, las paradas se alargan y el desierto se convierte en una excursión de autobús. En la ficha de cada tour indicamos siempre de qué modalidad se trata y el precio por persona según el número de viajeros.
Todos los precios que verás en esta página incluyen el transporte completo en vehículo con aire acondicionado, el conductor-guía de habla hispana, el combustible, los peajes y el aparcamiento, el alojamiento con desayuno en los hoteles o riads de la ruta, la cena y el desayuno en el campamento del desierto, el paseo en dromedario al atardecer y al amanecer, y la música bereber alrededor del fuego.
No incluyen los almuerzos —paramos en restaurantes de carretera donde se come bien por entre siete y doce euros—, las bebidas, las entradas a los monumentos que se visitan por dentro, ni las propinas, que en Marruecos son voluntarias y muy agradecidas. Lo decimos con esta claridad porque las sorpresas de última hora son el motivo número uno de las malas reseñas en este sector, y preferimos evitarlas.
La recogida se hace en tu hotel, riad o apartamento de Marrakech. Si te alojas dentro de la medina y la calle es peatonal, el conductor te esperará en el punto accesible más cercano y te lo indicaremos por WhatsApp la noche anterior, con la hora exacta y su nombre.
De marzo a mayo y de septiembre a noviembre están las condiciones ideales: días templados de veinte a treinta grados y noches frescas pero cómodas. Son también los meses de más demanda, así que conviene reservar con antelación, sobre todo en Semana Santa y en octubre.
El verano es duro. En julio y agosto el termómetro puede pasar de los 45 grados a mediodía en Merzouga. Aun así se viaja: se madruga mucho, se conduce con aire acondicionado, se descansa en las horas centrales y el paseo en camello se hace al caer el sol. Las noches en las dunas en verano son, de hecho, espectaculares y sorprendentemente agradables.
El invierno tiene mala fama injusta. De diciembre a febrero los días son luminosos y suaves, con quince o veinte grados al sol, y el cielo nocturno es el más limpio del año. Lo que sí ocurre es que las noches en el desierto bajan de cero: nuestras jaimas llevan mantas de lana gruesas y estufa, pero hay que traer ropa de abrigo de verdad. También es la temporada en que puede nevar en el Atlas y cerrarse el puerto durante unas horas; siempre existe una ruta alternativa por Beni Mellal o por Agadir.
No es recomendable. Serían más de veinte horas de carretera en un mismo día y llegarías a las dunas sin tiempo ni luz. El mínimo razonable son tres días. Si solo dispones de dos, la opción coherente es el desierto de Zagora.
Sí. Los privados salen cualquier día del año a la hora que prefieras. Los compartidos tienen salida diaria desde Marrakech sobre las 7:00 de la mañana.
Sí, y de hecho es lo que recomendamos. Casi todos los hoteles y riads guardan el equipaje sin coste. Lleva al desierto solo una mochila con lo necesario para las noches fuera.
Ambas cosas. Hay rutas circulares que regresan a Marrakech y rutas abiertas que terminan en Fez, en Casablanca o en el aeropuerto que necesites, sin coste adicional en la mayoría de los casos.
Sí, con matices. Recomendamos a partir de cinco o seis años y siempre en modalidad privada, para poder ajustar las horas de coche y las paradas. Llevamos elevadores infantiles si nos los pides al reservar.
Dinos cuántos días tienes y desde dónde sales, y te enviamos el itinerario detallado con el precio cerrado. Respondemos en menos de 24 horas y no cobramos nada por adelantado.
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